La llave de mi Egoísmo



Miraba más allá del paisaje que asomaba por detrás de la cortina. Dudé de aquella realidad tan transparente que se asomaba tras la mugre del vidrio. Se me empañaron los lentes de lágrimas mucho más reales. Lágrimas sin sentido. El sinsentido de las lágrimas. Nada la justifica, ni siquiera el dolor de haberme perdido.
Estoy viajando de vuelta a un lugar que nunca fue mío. Tal vez la fila de casas iguales –tan mudas como tu boca– tengan la respuesta, pero siento el metal frío de la Llave en mi mano. ¡Puta Llave irreverente que aparece cuando menos la espero! Si vos fueras la Llave, al menos; pero ni siqu
iera. Y D. que insiste en soy la respuesta… ¡Maldita pregunta que me ha elegido! Hay tanta gente queriendo ser persona… yo sólo quiero. Quiérome.
Insaciable egoísmo en mi carne. Yo y mis devociones estúpidas a significantes vacíos. Yo y mi intelectualidad prefabricada, mustia de tantos otros que la han leído. ¿Qué soy más allá de mi egoísmo? 206 huesos, músculos, piel y demáses. ¿Qué podría ser sino ego?
La hilera de casas se ha convertido en campo, campos con carteles ilegibles. Campos tan familiares como mi cara, que desconozco en las mañanas. Y voy mirando lo claro de lo borroso, con la Llave en la mano y mi egoísmo a cuestas.