Callar en tu silencio,
como si fuera un invento la magia.
Caer en las dicotomías del cuento
que ya no me ayuda a dormir...
Estremecerse con el susurro
que anuncia lo previsible.
Mentir a luz de una lamparita
que se quedó sin interruptor.
Ver cómo las caras se esfuman
entre el ruido de los recuerdos.
Como en la lista del supermercado, iba tachando posibilidades mientras miraba pasar ovejitas (negras) que la llevaran con Morfeo. Inutilmente trataría de contabilizar las luciérnagas que habitaban en su cama, ya sabía el resultado: UNA. (Lamparita que se quedó sin interruptor). Fantasía inmejorable, alegoría de su fragilidad. Y le llega el mediodía en plena oscuridad buscando las ganas entre la razón. Perdida entre las comas de una oración unimembre, se quedó dormida finalmente.
Un adiós de medianoche

Habitamos esa atmósfera,
atravesamos lo grave de mi agudo.
Éramos hielos adornando cuellos,
resbalando lentos en gotas llenas de vida.
Acariciamos cielos,
mancos de tantas caricias,
sembrando nubes en firmamentos yermos.
Fuimos estrella fugaz,
diluidos en deseos ajenos.
Y concluimos en un para siempre
[inacabable agonía de los cuerpos]
que nos depositó en un ahora
demasiado finito como para despreciarlo.
Besando todas mis miserias
alteraste los polos de mi mirada
sellándolo todo con saliva,
que es la diosa de las almas.
Y llegó, otra vez, un final sin letras
que anidó cobarde en mi almohada,
que se derritió suave en mi boca,
que fue cómplice de todas tus sospechas.
Paralelas que se dieron cuenta
que el vacío entremedio es dulce si lo dejan.
Conectame
Otra vez lo incognoscible escurriéndose en tus pestañas. Y la mano asustadiza que desvía mi arrebato de felicidad. Tu mano asustadiza que desdibuja mi omnipotencia. Y yo que creía que tu boca era una extensión de mis ojos, que lo cóncavo de la línea labio combinaba con lo convexo de mis párpados. Sin embargo, tus manos. También las yemas de tus dedos. Aunque, esas cosquillas: sí, risa incontenible que puebla tus rodillas y trasmuta en vértigo en ese hueso de tu cadera. Entonces las palabras tan mortíferas como innecesariamente necesarias. Después exhalo, porque el silencio se hizo testigo. Mientras, tu mirada dibujando meridianos en estos territorios ambiguos.

Y entre las sombras de tu cuerpo hice mi nido.

Y entre las sombras de tu cuerpo hice mi nido.
··· 1 ···
Un silbido
De sílabas zigzagueantes
Que se pelean por anteponerse
Al destino sonoro que las enmarca.
Ritual pecaminoso
Lleva tu nombre,
Que lleva mucho más que tus letras…
Se lleva los ritmos acompasados
De tus ojos.
Significados móviles
Menudos y mundanos
Que encierran felicidades
Y vomitan sus fracasos putrefactos.
Abstracción de un empirismo inevitable…
Te llamo entre sonidos huecos
Que se quejan en mi garganta
Se materializa –ante mí–
Tu boca
Y decime si esto no lo vivimos ya
¿Acaso no estrellamos nuestras naves
Un diciembre?
Un diciembre borracho de lunas inquietas
Donde hicimos manifiestos inescrupulosos
Y nos volvimos hormigas que se fueron de juerga.
De sílabas zigzagueantes
Que se pelean por anteponerse
Al destino sonoro que las enmarca.
Ritual pecaminoso
Lleva tu nombre,
Que lleva mucho más que tus letras…
Se lleva los ritmos acompasados
De tus ojos.
Significados móviles
Menudos y mundanos
Que encierran felicidades
Y vomitan sus fracasos putrefactos.
Abstracción de un empirismo inevitable…
Te llamo entre sonidos huecos
Que se quejan en mi garganta
Se materializa –ante mí–
Tu boca
Y decime si esto no lo vivimos ya
¿Acaso no estrellamos nuestras naves
Un diciembre?
Un diciembre borracho de lunas inquietas
Donde hicimos manifiestos inescrupulosos
Y nos volvimos hormigas que se fueron de juerga.
Sexo

Ella tan etérea que apabulla, tan sólida que marea, se le acerca. Él la mira de lejos sabiéndola temible, jugosa, carnal... puro espíritu. Dos cuerpos estrellándose estrepitósamente desparramando colores. Y las letras de una palabra que no se pronuncia, las letras de una palabra que se come. Los molares de una boca acariciada por una lengua, lengua que se relame en el néctar mismo de su placer. Y el dedo, junto con aquel oblicuo rayo inerte que tajea la piel, dibujan figuras -ya muertas- de un pasado atemporal, de un presente histórico. Dibujan, otorgan perdurabilidad al impaz sostenido en sol mayor. Sol revuelto en melazas de un cielo a la interperie Ella tan jugosa que ahoga los paladares Él tan impetuoso que arremete contra los mares. Un recorte de un cuerpo entremezclado con los restos de otro cuerpo bendito. Se pierde la importancia pero se gana en precisión. Sólo un recorte de un cuerpo sin importancia la precisión de ubicarlo en lo cóncavo de su convexo. Magia irrevente jugando a la escondida a la hora de la siesta.
.Desvariando.
Todos los días se sucedían entre los suspiros de su intelecto. Eran un continuo de ideas que se entremezclaban en colores y olores. Primeridades impregnadas en su nariz, en sus retinas, atravesadas entre los huesos y los músculos de su cuerpo. Un jaque mate a su razón. Razón no absoluta, no imparcial, no objetiva... una razón descaradamente pasional. ¿Acaso puede haber algún otro tipo de razón que la que se siente latir dentro?
Sin valor de cambio, todo el uso que poseía lo absorbió el tiempo. Alejado de los rieles que lo lleven por las vías de la rectitud, abandonado a los placeres de la cotidianeidad. ¿Virtud? No quiero hablar de Nieztche. No era un superhombre, pero mucho menos una infradotado fisiológico. Dos segundos sin tic tac y una cortada. Calle sin salida a la vida, se estrella contra la estación del tren fantasma que lo lleve a la cueva de Platón a encontrarse con sólo sombras.
Desvarío permanente de los que mucho abarcan pero poco aprietan, de mentes intelectualmente supérfluas que agonizan en mentiras. Mejor dame una pala que te armo un castillo, de naipes y ladrillo a la vista. Prefiero imperfecciones que raya al medio y tiradores. Empaparme en esta piara a vivir entre las rosas, que bastante espinas tienen.
Sin valor de cambio, todo el uso que poseía lo absorbió el tiempo. Alejado de los rieles que lo lleven por las vías de la rectitud, abandonado a los placeres de la cotidianeidad. ¿Virtud? No quiero hablar de Nieztche. No era un superhombre, pero mucho menos una infradotado fisiológico. Dos segundos sin tic tac y una cortada. Calle sin salida a la vida, se estrella contra la estación del tren fantasma que lo lleve a la cueva de Platón a encontrarse con sólo sombras.
Desvarío permanente de los que mucho abarcan pero poco aprietan, de mentes intelectualmente supérfluas que agonizan en mentiras. Mejor dame una pala que te armo un castillo, de naipes y ladrillo a la vista. Prefiero imperfecciones que raya al medio y tiradores. Empaparme en esta piara a vivir entre las rosas, que bastante espinas tienen.
La llave de mi Egoísmo

Miraba más allá del paisaje que asomaba por detrás de la cortina. Dudé de aquella realidad tan transparente que se asomaba tras la mugre del vidrio. Se me empañaron los lentes de lágrimas mucho más reales. Lágrimas sin sentido. El sinsentido de las lágrimas. Nada la justifica, ni siquiera el dolor de haberme perdido.
Estoy viajando de vuelta a un lugar que nunca fue mío. Tal vez la fila de casas iguales –tan mudas como tu boca– tengan la respuesta, pero siento el metal frío de la Llave en mi mano. ¡Puta Llave irreverente que aparece cuando menos la espero! Si vos fueras la Llave, al menos; pero ni siquiera. Y D. que insiste en soy la respuesta… ¡Maldita pregunta que me ha elegido! Hay tanta gente queriendo ser persona… yo sólo quiero. Quiérome.
Insaciable egoísmo en mi carne. Yo y mis devociones estúpidas a significantes vacíos. Yo y mi intelectualidad prefabricada, mustia de tantos otros que la han leído. ¿Qué soy más allá de mi egoísmo? 206 huesos, músculos, piel y demáses. ¿Qué podría ser sino ego?
La hilera de casas se ha convertido en campo, campos con carteles ilegibles. Campos tan familiares como mi cara, que desconozco en las mañanas. Y voy mirando lo claro de lo borroso, con la Llave en la mano y mi egoísmo a cuestas.
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